BIOGRAFÍA DE ARNAU MIR DE TOST

marzo 18, 2010

Nacido a finales del siglo X (se cree que en el año 998), Arnau Mir de Tost fue el primogénito de una de las familias más poderosas del condado de Urgell. Su padre, Miró de Tost, fue feudatario de Ermengol I, mientras que su madre, Sança, provenía de la familia de los vizcondes del condado de Conflent, en la Cerdanya, y pariente también del obispo Ermengol de Urgell. El matrimonio de Miró y Sança tuvo también dos hijos varones más, Bernat y Seniofred, y una hija, Geberga. Como mandaba la tradición de entonces, el primogénito heredaría los dominios de su padre mientras que el resto de varones nacidos se dedicarían a la vida monacal. Esto era así para evitar disputas entre hermanos por las tierras heredadas de su padre, como había pasado con la herencia de Carlomagno o como pasaría años después entre los condados de Pallars Jussà y Pallars Sobirà, divididos a la muerte de Sunyer I para ser entregados cada uno a sus dos hijos. Las niñas nacidas, en este caso Geberga, serían utilizadas para enlaces matrimoniales que buscaban, en la mayoría de casos, poderosas alianzas o resoluciones de conflictos entre linajes vecinos. Por ello, Bernat de Tost llegará a ser arcediano (juez eclesiástico) de la Sede de Urgell para morir antes de cumplir los treinta, su hermano menor Seniofred será sacristán de la misma catedral y Geberga contraerá matrimonio con Miró Guillem, heredero del vizcondado de Castellbó, en Urgell.

No se sabe nada de la infancia de Arnau Mir de Tost, ya que su nombre aparece por primera vez en un documento datado en el año 1019, siendo ya mayor de edad, pero al ser hijo de un noble de Urgell es de suponer que se habría criado en la corte del conde Ermengol I. Únicamente existe una imagen de él en una miniatura pintada en el Lieber Feudorum, donde se muestra a Arnau encomendándose de manos (jurando fidelidad) al conde Ermengol II. Por esta ilustración se sabe que el señor Arnau tenía el cabello negro y largo, recogido en una coleta, y sin barba, moda en aquellos tiempos. Se cree midió algo más de metro ochenta, al igual que su yerno el conde Ramón IV de Pallars Jussà, pero esto no se ha podido comprobar ya que sus restos siguen desaparecidos en la actualidad.

Muerto el conde Ermengol I en la primera expedición a Córdoba (año 1010), el condado es gobernado hasta la mayoría de edad de Ermengol II, todavía un niño, por el obispo Ermengol, que dado su parentesco con la madre de Arnau y las continuas disputas con el vizconde de Castellbó por unas tierras de la Sede situadas en el vizcondado, confía el mando del ejército del condado a Arnau Mir para arrebatar a la taifa musulmana de Lleida varias villas fronterizas, como Guissona o Alós de Balaguer. El éxito de la primera expedición de Arnau Mir le da un cierto renombre en Urgell y Barcelona, el condado enemigo en la conquista de Lleida a los árabes. A partir de ahí, con tan solo 25 o 26 años, la ascensión de Arnau es imparable y sus dotes de mando reconocidas por amigos y enemigos vecinos.

Las conquistas hasta 1034, año en que toma la estratégica plaza de Àger, son numerosas y aumentan su patrimonio significativamente. En dos años el ejército comandado por el caballero de Tost conquista para el condado de Urgell desde Cabanabona, al sur, hasta Orcau, al norte y toda la sierra del Montsec d’Ares para dejar aislado el valle de Àger y tomarlo con garantías en un futuro. De las tierras conquistadas Arnau Mir de Tost poseerá en feudo (libre de impuestos) los castillos conquistados y sus términos de la plana del Segre, las riveras de los rios Abella y Conques y la cara norte del Montsec d’Ares, además del feudo de Tost tras la muerte de su padre por aquellas fechas y el que heredaría poco después a la muerte de su suegro, señor de Montanisell.

Entre los años 1030 y 1033 casa con Arsenda, se cree primogénita del señor de Montanisell, y que tenía dos hermanas que la sobrevivieron, Ermessenda y Quíxol, mencionadas en su testamento. Con Arsenda tendrá siete hijos, cuatro morirían en los primeros años de vida, algo usual en la época por el desconocimiento de enfermedades, dos hijas, Valença y Redgarda, y un varón, Guillem-Arnau, que moriría también en la adolescencia por causas desconocidas. A la mayor, Valença, la casa con el conde de Pallars Jussà, Ramón IV o V, dependiendo de las fuentes, mientras que la pequeña se esposa con el vizconde de Cabrera, Ponç Guerau, heredero de Arnau Mir a su muerte en lo que respecta al castillo de Àger, pero no del término, como veremos más adelante.

En 1033, Arnau Mir compra al joven conde Ermengol II, ejerciendo ya como tal, el castillo de Llordà, cercano a Àger, donde entrenará a sus hombres para tomar la villa. Cabe decir que se cree que Arnau Mir de Tost fue uno de los primeros señores en tener un ejército profesional, y que este ejército fue la antesala de los conocidos almogávares, comandados por Roger de Llúria dos siglos más tarde. Apostados en Llordà y conociendo el desmembramiento del califato de Córdoba con la caída de Hixam III, Arnau Mir y Ermengol II, el primero atravesando el Montsec  y el segundo entrando por el sur, arrasan el valle de Àger y asedian la plaza hasta que la conquistan en septiembre del año 1034. La importancia de poseer Àger obliga a Sulayman Ibn Hud, reyezuelo de Lleida primero y después también de Zaragoza, a atacar Àger en 1041 y en 1046, cuando permanecen sus hombres en ella un año.

Tras la conquista definitiva en el año 1047 de Àger por Arnau Mir de Tost, el recién nombrado vizconde se centra en repoblar el valle, asegurar su frontera y, devoto como era, favorecer a la Iglesia cristiana concediendo tierras y promocionando o construyendo él mismo recintos religiosos. En Àger mismo se construye una abadía pegada al castillo más dos iglesias, la dedicada a San Vicente y a San Salvador. Restituye el priorato de Montmagastre, dona dinero para la construcción de la colegiata de Santa María de Mur e inicia negociaciones con Roma para vincular la abadía de San Pedro de Àger a la Santa Sede, algo que en aquel momento sólo había conseguido la abadía de Cluny. Gracias a la amistad con el abad-obispo Oliba, con la condesa Ermessenda de Barcelona, a su fama de excelente guerrero cristiano y a una generosa donación a las arcas de Letrán, la abadía queda vinculada en el año 1060, siendo Arnau Mir de Tost y el Papa los únicos que pueden nombrar abad y disponer del dinero del cenobio sin dar explicaciones. Será de aquí en adelante cuando la abadía de Àger sea la única beneficiaria de todas las conquistas pasadas y futuras de Arnau Mir de Tost. San Pedro de Àger recibirá de manos de su creador y sus vasallos innumerables feudos y cuantiosas donaciones, será heredera del vizconde y se convertirá en una de las abadías más ricas e influyentes del sur de Europa en el siguiente siglo. En los años que siguen a la muerte de Arnau Mir, su yerno ansiará sus tierras, algo que producirá continuas disputas entre el abad de San Pedro, Ponç Guerau y el conde de Urgell.

Una vez asegurado el valle de Àger, Arnau Mir de Tost comandará su ejército ayudando al rey de Aragón y al condado de Barcelona en su lucha por hacerse con la rica taifa de Zaragoza. Incluso llegará a penetrar sus muros creando el pánico entre la población musulmana y ridiculizando al todopoderoso rey árabe de Zaragoza. Tomará plazas al sur y al oeste de Àger, dejando aislada la ciudad de Balaguer, su obsesión, que conquistará su yerno una vez muerto él con ayuda del conde Ermengol IV.

Muerta Arsenda seis años después que su querido hijo Guillem-Arnau, Arnau Mir de Tost se retira a su castillo-abadía, asolado por la pena de tan significativas pérdidas y cansado de batallar contra los infieles. Aún tiene fuerzas de peregrinar a San Jaime de Galicia (actual Santiago de Compostela), con setenta años, para rezar por el alma de su esposa, sus cinco hijos muertos y expiar sus pecados. A los dos años de su vuelta, Arnau muere en Àger con la tristeza de no dejar en la tierra un hijo varón que siguiese sus pasos pero con la seguridad de haber servido fielmente a su condado y a su Iglesia.

Arnau Mir de Tost fue, por tanto, uno de los caballeros más reconocidos de su tiempo. Gracias a su comandancia, la generación posterior pudo hacerse con la ciudad árabe de Balaguer y poco tiempo después caería Lleida. Arnau fue el primero en vincular una abadía catalana a la Santa Sede y gracias también a su fama conocida en Roma, su nieto Arnau Ramón de Pallars Jussà vincularía también Santa María de Mur al obispo de Roma, algo muy difícil de conseguir en aquella época por nobles que no fuesen italianos o franceses. Dedicó su vida a luchar contra la religión musulmana, a repoblar con cristianos las villas conquistadas edificando numerosas iglesias y a actuar con justicia en sus amplios dominios. También fue el promotor de la primera cruzada, la de Barbastro, pidiendo al Papa Alejandro II ayuda para conquistar la estratégica plaza. Pero los pocos documentos conservados de la época y la sombra del Cid Campeador han hecho olvidar a lo que sería para mí el tercer catalán más importante, sino de la historia de Cataluña sí de la Edad Media, tras Guifré “el pelós” y Jaume I.

 

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